lo mío cabe
en un puño:
no hay anverso,
ni necesito
poner a otros
a decir por mí.
mientras
vos mirás
con ojos
de taquero,
contándole
las costillas
a cada verso,
yo me afinco
en la palabra
llena.
es desde ahí
que lo intento.
y puedo errarle
fiero, pero nunca
a media lengua.
durante
la asfixia,
hablo siempre
de la soga.