se queda
quieto ante
la puesta
de tierra
y el huracán
de siesta
después.
mira arriba
y lejos:
busca el mar,
la sal
en el aire
la piel ardida
de los veranos.
pero ni el agua,
ni ninguna otra
combinación
de elementos:
nada.
la misma nada
que al volver
de un largo viaje
a una casa vacía:
y hojear con fiebre
facturas dispersas,
y barrer mugre
del suelo
arrastrando un pie.
la misma nada
de ajustarse
la cara de lunes
después del café
y salir al día
como un obituario
incompleto
por un pequeño
error de edición.