cuando dicen que el país
está volviendo a integrarse
al mundo, no puedo dejar
de pensar en un montón
de nenitos y nenitas
con cierta curiosidad
cercana al arte
siendo desalentados
por sus padres
a título de pero cómo
vas a vivir, o alguna
otra cosa parecida.
hay una tristeza
que ni nombrar pueden
todas esas personas
no nacidas.
una forma
de castración
para nada simbólica,
costos reales por esa
inequívoca sensación
de pertenecer.
no digo que el ejemplo sea
exacto, pero puede
que ambos escenarios
compartan cierta lógica.
si volver
a estar en el mundo
quiere decir comerse
el caramelo
del libre mercado,
creo que desde fuera
la piloteamos.